sábado, 4 de mayo de 2013

Capítulo 9: Es tan difícil con Taylor.


—¿Desde cuando tienes eso ahí?—Preguntó alzando las cejas.

—Desde que quisiste evidenciarme que estabas en el partido—Contesté mientras miraba a mi alrededor y le daba brillo a mis ojos.

—¿Por qué esa foto?—Preguntó mientras me entregaba de nuevo el móvil. Lo guardé y volví a centrarme en él, sus ojos tenían un brillo diferente, pero era torpe para darme cuenta de algo salido de lo cotidiano.

—Porque amo tu expresión en esa foto—Contesté simple.

—Conque por eso es que no dejabas que cogiéramos tu móvil—Me ruboricé cuando lo escuché, y recogí unos cuantos yogurts.

—Exactamente por eso—Fui seca con mi respuesta y me limité a seguir caminando mientras sentía sus pasos detrás de mí.

—¿Me invitas a comer esta noche? —Su voz seductora me estaba haciendo mojar—Quiero contarte lo idiota que fui esta mañana—Paré de seco para meter las tortillas al carrito y lo miré a los ojos.

—Sé que eres un idiota—Le dije alzando una ceja.

—Lo sé, pero quiero contártelo de nuevo—Contestó mientras se mordía el labio inferior, tentándome.

—Llega a eso de las 7.30 pm, entonces—Rodé los ojos y seguí comprando cosas para surtir mi refrigerador, si tendría visita era lo mejor que podía hacer.

No compré vino, ni champagne, menos cerveza. Creo que todo eso está en mi casa, por si vuelve a darme un ataque de depresión. El resto de camino lo pasamos en silencio, sólo intercambiado pequeñas miradas flirtradoras. Deborah nos observaba por donde pasaba y Makena ni se daba por enterada de lo que sucedía de lo engatuzada que estaba con la sonrisa de Joseph. Sin más, todos nos encontramos en las cajas. Makena pasó todo lo que compró al carrito de su madre y Taylor se encogió de hombros al darse cuenta que sólo me había ayudado a mí con mis compras, para él no llevaba nada; con mayor razón, me sentí obligada a invitarle a cenar casi diario. Me puse en una caja diferente a la de Deborah y Taylor fue conmigo, sin importarle las miradas expectantes de Deborah y Makena, Joseph sólo se encogía de hombros pensando que había triunfado una vez más con un tipo lindo que me gustaba. Esta vez era diferente.

Taylor sacó su tarjeta de crédito para pagar mis compras y yo me adelanté a él.

—No te permitiré eso—Le susurré mientras le entregaba mi tarjeta de crédito a la cajera y ésta me miraba con cara de ‘¿Por qué no paga tu novio?’

—¿Tu madre no te ha cancelado las tarjetas? —Preguntó un Taylor sorprendido.

—No quiere ser peor madre de lo que ya es—Bufé mientras me encogía de hombros.

Nos encaminamos a esperar a Deborah y Makena y cuando ya todos estábamos juntos bajamos al parqueadero. Como supuse, en el auto de Deborah sobraba yo, más si ahora había un invitado como Joseph. Recogí todas mis bolsas y le ayudé a Makena a pasar las de ella y Deborah al asiento del copiloto, Makena no quería separarse se Joseph. Cuando vimos que el auto de Deborah desapareció, Taylor me ayudó con las bolsas para llevarlas hasta su auto. Las metió en la cajuela y siendo caballeroso me abrió la puerta del copiloto.

—Compraste muchos zapatos, ¿No? —Preguntó intentando poner tema de conversación.

—Deportivos esta vez—Le conté mientras me abrochaba el cinturón y lo admiraba al dar la vuelta.

—¿Por qué? ¿Dejarás los tacones? —Preguntó asombrado y un poco decepcionado. Hice una perfecta “O” con mis labios.

—¿No te gustan las zapatillas? —Pregunté decepcionada.

—Me gustas en tacones, en zapatillas también quedarás hermosa—Comentó sin mirarme. ¿Había escuchado lo que había oído? Me morí por dentro de la emoción y decidí estirarme para darle un beso en la mejilla.

—¿De vera?—Pregunté llena de emoción, pero luego me controlé—¿De quién es este auo?—Pregunté asombrada al darme cuenta que no era la misma tapicería.

—Kiowa se llevó el mío, ¿Recuerdas? —¿Cómo olvidarlo si con su llegada lo cagó todo?

—Entonces, ¿Este de quién es?—Le pregunté intentando olvidar la estúpida mañana que pasé.

—Mío—Mis ojos casi se salen de mis cuencas y él lo notó—Esto es por ser el hijo del mejor empresario de la ciudad.

—Ah, si—Dije sin aliento. Aquí van las rosas para los Lautner.

—¿Qué harás de cenar?—Me preguntó intentando cambiar de tema.

—¿Ah?—Pregunté confundida.

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—¿Te invité a cenar?—Le pregunté confundida.

—No lo recuerdo… Vámonos al capítulo anterior para recordarlo—Contestó sarcástico.
PD: Lo siento, hasta escribiendo me pongo sarcástica con esta puta depresión.-.
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—Sólo pregunto porque no presté mucha atención a tus compras. ¿Compraste mucha comida instantánea?—Me preguntó y lo sentí como insulto. ¿Creía que no sabía cocinar?

—¡¿Qué te pasa?!—Le contesté alterada—Cocino muy bien, para que lo vayas sabiendo—Le dije dándome aires de satisfacción—Para que veas que no miento, esta noche cenarás conmigo.

—¿Es una cita?—Preguntó con su magnífica sonrisa.

—Creo que si—Contesté apenada—Creo que así puedes contarme lo idiota que eres—Le dije escondiendo mis risas y él apretó el volante—¡Hey!—Exclamé mientras pasaba mi mano por su cuello—Es una broma, pero si quieres hablarlo no te lo impediré—Solté las risitas y él se recostó más en mi mano.

Me sentí genial, ¿Había hecho esto con cualquier otro hombre? Eso es increíble. Empecé a acariciar su cabello hasta que llegamos a casa y él se sentía muy a gusto. Tanto que no quería que nos bajáramos del auto.

—Creo que conozco poco de ti—Comentó mientras cogía mi mano de su cuello y empezaba a acariciarla, pasando la yema de sus dedos por toda la palma, haciéndome cosquillas y luego enterrándose mis uñas en sus grandes manos.

—Conoces lo suficiente y si quieres saber más, pregúntale a Makena—Le contesté como si nada, siendo muy indiferente. Pero me sentía en las nubes, por fin encerrados en el mismo auto sin discusiones.

—También tengo mis secretos, ¿Sabes? —¿Qué mierda?

Sacó su móvil y me llevó a los diferentes álbumes. Tenía un álbum con miles de mis fotos, estaban todas las que había publicado en whatsapp y otras que le había enviado por ¡message.

—¿Por qué todo esto?—Le pregunté sorprendida mientras miraba cada una de la fotos—¡Esta me gusta mucho!—Le dije mientras sonreía. Se quitó el cinturón y se acercó a mí para ver la foto.

—De hecho, esa es la que más me gusta—Aparecía dormida y rodeada de peluches, con mi carita de inocente.

Le di un beso en la mejilla y él me ayudó a bajar todas las bolsas y llevarlas hasta el living. Hicimos algunas carreras y como era de esperarse, yo perdí.

—Entonces… ya sabes que estás comprometido a las 7:30pm—Le dije mientras me pegaba a la puerta como toda una colegiala.

—Es una cita—Contestó sonriendo como todo un adolescente.

—¡CANDY!—Escuchamos el grito de mi madre y los dos nos sobresaltamos de lo inesperado que fue.

—¿Tu mamá?—Preguntó un Taylor sorprendido.

—Sí. De todas maneras, llega a las 7:30—Le dije apresurada y pegando unas palabras con otras—Es una cita—Le susurré mientras dejaba un beso en su mejilla.

Cerré la puerta rápidamente y le grité a mi madre furiosa mientras buscaba en toda la casa para encontrarla. Por fin la encontré en el baño del cuarto de huéspedes. Estaba tirada en el suelo y sangraba.

—¡MADRE!—Grité asustada mientras intentaba levantarla del suelo—¿Qué mierda has hecho?

domingo, 17 de marzo de 2013

Capítulo 2: Baldwin tiene apellido.



Capítulo 2: Baldwin tiene apellido.

De repente me vi interesada en saber qué estaba haciendo Baldwin en la clase de Trigonometría. Me sorprendí a mí misma observándolo mientras movía el lapicero entre sus largos dedos con tal gracilidad que me resultaba envidiable. ¿Cómo puede alguien moverse de esa manera? Sus ojos se encontraron con los míos, sus hermosos ojos kriptonite disparaban llamas en mis ojos grises; quitándome el derecho de parpadear. Hipnotizándome.

—Bueno, señores—¡Maldito maestro de quinta! Apagué la llamarada entre la mirada de Baldwin y yo casi que obligada. ¿Qué pasó?—Hoy el negocio empezará así—Odio cuando empieza hablando de negocios como si aquí pudiera negociarse algo—Llamaré a lista y empezaré con la clase de corrido, quieran o no—Que empiece mi tormento. Como siempre, observé el reloj, eran las 6:00 a.m y mi tormento duraba hasta las 8:00 a.m.

Mientras el Sr. Negocios empezaba con el listado dejé mi vista fija en el reloj y para mi gran frustración ni los segundos veía pasar. Esta clase era mi perdición y no hablo de mi perdición soñada y añorada, esta perdición me daba asco. Apenas iba en la letra K, pero entonces, ahí estaba él—Baldwin Kofman—Habló el Sr. Williams, mi mirada se dirigió al chico raro y éste alzó su brazo observando su libro de…¿Nicole Jordan? ¿Erotismo? ¿El apellido de Baldwin es Kofman? ¿De dónde es el chico raro? Tantas preguntas que no salían a flote porque no me permitía una humillación más por el amargado Baldwin…Kofman. Estaba cansada de ser la buena y que él me hiciera sentir como mala, como dañina, como… irresistible.  Pero de nuevo, lo estaba observando, estaba observando cómo deslizaba sus dedos en las puntas de las hojas y me sorprendía a mí misma queriendo tocar aquellas superficies que él estaba tocando. Su mirada, sus ojos… su… ¡Es el chico más idiota de mundo! No deja que yo le brinde mi amistad, no complace mi curiosidad y no deja de mirar a las chicas como si fueran algo comestible, algo irresistible.

De repente ladeó su cabeza en mi dirección y me encontró observándolo. Mis mejillas tornaron su rosa pálido, dejando ver que me había pillado con la guardia baja. Y ahí estaba de nuevo las llamaradas en su mirada, hipnotizándome, haciéndome sentir acorralada y desesperada queriéndolo tocar, sentir su perfecta piel.

—Ayleen Marshall—¿Qué tiene su piel? ¿Qué marca es su suéter azul oscuro?—Ayleen Marshall—Me gritó el Sr. Williams y siendo obligada, de nuevo, aparté la vista de Baldwin y miré al Sr. Negocios.

—¿Qué desea?—Le pregunté en tono grosero y palabras amables.

—Si usted no contesta le pongo la falta y nada de lo que usted haga hoy en clase tiene porcentaje para los exámenes bimestrales—¿Cómo podía decir algo así?

—¿Por qué quiere que le conteste si sabe que estoy aquí? ¿No cuenta con que le alce mi mano?—¿Qué se enamoró de mi para hacerme la vida a cuadritos?

—Usted decide, o pierde esta ayuda que les estoy brindando con el porcentaje o dice presente—¡Sr. Negocios de mierda!

Bufé—Presente—Apreté mi mandíbula y empecé a garabatear ojos avellanas inspirando sensualidad, hipnotizándome.

 —¿Alguien es capaz de hallar el seno, coseno y tangente de los ángulos a y β?—Preguntó Sr. Williams en un tono demasiado alto haciendo que mi garabato dejara de tener sentido—¿Nadie?—Habló de nuevo con su irritante voz. ¿Quién iba a contestarle? Se podían sentir el cantar de los pájaros en la pradera de afuera como si tuvieran micrófono por el silencio que había en el aula. Sin exagerar, podíamos escuchar las clases del aula de al lado—Y si negociamos porcentaje por participación en clase, ¿Así tampoco?—Preguntó por tercera vez y me imaginaba el sonido de los grillitos aguantándome la risa.

—Srta. Marshall, ¿Puede hallar esto?—Me preguntó señalando el tablero. ¡¿Qué he hecho para merecerme esto?! Por dentro estaba llena de drama y mi  silencio era absoluto, sólo dejaba mi mirada permanente en los suyos—¿No?—Odioso de… suspiré—¿La chica que sabe más que el maestro no es capaz de hallar el seno, coseno y tangente de este ejercicio?—Seguía con sus burlas y aviento encima de él, lo he dicho y no lo repito. Apreté mi mandíbula de nuevo y agarré el lapicero con mayor fuerza.

—Yo lo haré—La voz ronca de Baldwin me sorprendió a mí tanto como a toda la clase y hasta al Sr. Negocios. De la forma más grácil que haya visto se levantó de su lugar y caminó en dirección al Sr. Negocios quitándole la tiza de los dedos y mirándolo como si fuera menos que él. Dándole su merecido. ¡Bien hecho, chico raro! Exclamaba mi subconsciente emocionada, pero mi rostro seguía inescrutable, sin decir nada.

Observé cómo Baldwin resolvía el ejercicio de la manera correcta. Haciendo lo que hubiera hecho yo, lo que no hice por rebeldía con aquél estúpido maestro que no acepta los errores que comete y que para más, irradia odio hacía mí. Cuando Baldwin terminó arrojó la tiza en el escritorio del Sr. Williams y cuando estaba a punto de apuntar algo en la planilla le susurró algo al odio. No pude leerle los labios, habló demasiado rápido para mi velocidad de entendimiento y el maestro Negocios se quedó sorprendido, pero al parecer, hizo lo que Baldwin le pidió. De igual forma, éste fue a sentarse y a seguir leyendo su misterioso libro de Nicole Jordan. ¿Qué hace un hombre leyendo un libro erótico creado por una mujer? ¿Por qué Baldwin estaría leyendo algo así?

Por fin sonó la campana y me levanté de la silla como si no hubiera mañana, para salir disparada hacia mi Chevrolet Sonic. Cancelaron las clases del resto de la mañana y podría llegar a dormir, a estar con mi cama. A cumplir mi publicación de “Amo mi cama”. Quité la alarma y antes de entrar al auto tiré el bolso en el asiento de copiloto. Cuando iba entrando a mi auto el ronroneo del Porsche GT de Baldwin me desconcentró y me irritó. Siempre tan ostentoso. Entré en mi auto y puse marcha a mi casa, sin dejarme estresar por las congestionadas avenidas de New York abrí mi bolso y saqué una barra de chocolate mientras le subía el volumen a Brutal Love de Green Day y la cantaba a todo pulmón. Logrando algunas quejas de los autos que estaban atascados en el mismo trancón. Pero en este país hay libre expresión y yo les puedo romper los tímpanos cuando se me pegue la gana.

Cuando llegué a casa mis padres ya se habían ido a trabajar y la casa quedaba para mí, podría hacer todo lo que quería, pero ahora lo que más deseaba era dormir. Me dirigí a mi cuarto y me tumbé en el desorden de mi cama, en segundo logré conciliar el sueño y los llameantes ojos kriptonite me perseguían.

martes, 12 de marzo de 2013

Capítulo 8: ¿Qué pasa con Deborah?



Nos subimos al auto entre risas mientras discutíamos quién era la que siempre llegaba tarde. Siendo sincera, ¡Makena me gana!

─¿Quieren comprar mucho?─Preguntó Deborah mientras emprendía marcha.

─Yo sólo quiero zapatos─Le dije mientras me acostaba en el asiento como era mi costumbre.

─Quiero ropa─Contestó Makena.

─En total, me harán recorrer todo el centro comercial─Deborah rodó los ojos.

─No te preocupes, no quiero recorrerme toda la zona de calzado, Deborah. Sólo quiero zapatillas bajas...─Medité mientras miraba por la ventanilla─¿Saben? Quiero ver si me lucen esos tacones deportivos

─¡Yo también quiero de esos tacones!─Exclamó Makena saltando en el asiento delantero.

─Tengo que ir a hacer las compras de la casa─Nos avisó Deborah─¿Qué les parece si hoy sólo compramos calzado y mañana las prendas?─Nos preguntó, pero en su tono de quieran o no. En realidad, eso a mí no me perjudicaba.

─¿Te acompañamos a hacer las compras de la casa?─Le preguntamos Makena y yo al unísono. Éramos automáticas cuando pasaban este tipo de cosas.

─Pero, cuando terminemos con los zapatos llamaré a Taylor para que nos acompañe. Ustedes no me ayudarán mucho después de quedar contentas con tacones y zapatillas—Nosotras no tenemos la culpa.

─Prometo ayudarte con lo que comeré. Además, Joseph se encontrará con nosotras en el super—Dijo Makena, ¿Joseph en el supermercado? Miré sus manos y tenía su móvil en las manos y una ventana abierta. 

¡A Makena le gusta Joseph! Bueno, es lindo.

─Servirá de mucha ayuda─Bufó Deborah.

El resto de camino la pasamos silenciosas escuchando música. No sé por qué el camino se me hizo eterno y ver lo que dejaba atrás por la ventanilla me hacía pensar el Taylor. ¿Le había sacado lágrimas por decirle que era un juego para mí? Esto era imposible, quiero decir, ¿Por qué? ¿Qué soy yo para él como para haber llorado por mi estúpida manera de escapar? Por mi estúpido alboroto sin sentido. ¿Qué había pasado ayer? Sólo acudí a él por ser el hombre que me merezco y porque sin más, es el hermano de mi mejor amiga y sé que mi mejor amiga no sería capaz de entenderlo. Pero, ¿Por qué dormí con él & por qué me besó? Porque por fin hice que cayera en mis encantos, ¿O no?

¡Es todo tan jodidamente confuso y no logro entenderlo! Me pone bien que haya llorado, quiere decir que le importo. Pero, ¿Realmente le importo? He estado dándole más importancia de lo común desde hace un año y obvio tanto Makena como él lo han notado. He hecho algunas cosas y él me ha rechazado algunas veces o empieza con otras y luego se arrepiente y ¿Ahora llora porque le dije que sería mi juego? ¿Puede ser eso posible o soy muy terca como para entenderlo?

"Eres tan terca"

¿Quién se creía?

"& tu un sentimental"

"Malo sería que no lo fuera"

Miré por la ventanilla y sonreí como tonta. Sentí la mirada de Deborah por el espejo retrovisor interno e intenté esconder el móvil y quitar mi sonrisa de estúpida. Pero vio mi movimiento y sonrió satisfecha mientras entraba al parking del mall

¿Quién se creía?

"Lo siento, lo siento, lo siento. Si soy una terca de mierda, pero TÚ me vuelves así, Taylor. Eso es lo que causas en mí & no está bien"

"¿Qué causo en ti?"

¡Ay mierda! «¿Qué has dicho, Candy Bluewood?» Bufé y guardé el móvil en el bolso.

Salimos del auto y empezamos a caminar por todo el mall, en la cuarta planta quedaba el supermercado, podíamos recorrer tranquilas la zona de calzados para luego ir a hacer las compras. Pasamos por una tienda de vans y me compré unas cuantas zapatillas con la tarjeta de crédito de mi madre; la única cosa buena que tiene. Makena se compró miles de zapatillas y miles de tacones, junto con los deportivos que no me gustaron. Cuando íbamos subiendo al tercer piso para comer algo Deborah se adelantó y llamó a alguien al móvil, Makena y yo no pudimos escuchar la conversación.

─Joseph está en el supermercado─Comentó mientras jugaba con una de las bolsas.

─Te gusta Joseph, ¿No?─Le dije mientras la miraba con esa sonrisa de "Mi pequeña está creciendo y aprenderá lo que es la vida"

─Y a ti te gusta mi hermano, ¿No?─Me dijo ella retándome.

─Estábamos en el tema de Joseph, no me cambies el rumbo de la conversación─Le pedí riéndome─Te gusta, ¿Verdad?

─¡Me encanta!─Exclamó exaltándose a sí misma.

─Tu hermano me trae loca─Suspiré y ella paró en seco. Deborah hizo tiempo para esperarnos y no pudimos seguir con la conversación.

─¿Qué quieren comer?─Nos preguntó mientras guardaba su móvil.

Makena pidió comida china y empezamos a buscar en toda la zona un restaurant de comida china. Cuando estábamos sentadas esperando la comida la mirada de Deborah dislumbraba la complicidad, ¿Qué está pasando?

─Ustedes no me ayudaran a hacer las compras─Resopló Deborah y Makena sacó uno de sus tacones para probárselos, por quita vez. Rodé los ojos.


─Yo si te ayudaré─Le contesté desalentada mientras le daba un sorbo a mi soda. Ella me echó una mirada de "No, no lo harás"

─Yo también te ayudaré, mami─Le dijo Makena─Joseph nos ayudará─Deborah rodó los ojos y la miró con el "No, no lo harás" de nuevo. Nos dimos por vencidas diciéndole que si le ayudaríamos y empezamos a comer en cuanto nos trajeron la comida. En realidad tenía hambre, ni me preocupé por comer de manera decente; mi estómago rugía y no me había dado cuenta de cuánto tiempo había pasado desde que me comí el sandwich de huevo en la casa de Taylor.

Taylor.

─Bueno, ¡A hacer las compras!─Dijo una Deborah emocionada mientras nos entregaba una barra de chicle.
─Claro─Dijimos mostrando interés y recogiendo las bolsas─¿Podemos llevar esto al auto?─Preguntó Makena.

─Ah, si─

Fuimos al auto y metimos todo en la cajuela y lo que no cabía ahí lo metimos en el asiento trasero, ¿Dónde iría yo? Detrás de nosotros sentimos que alguien ponía la alarma de su auto. ¿Ah?

Makena se giró como toda chismosa y luego salió corriendo, me giré enseguida.

─¡Hermano!─Exclamó una Makena emocionada mientras se le tiraba encima a un Taylor petrificado con sus hermosos ojos oscuros en mí. Dejé caer una bolsa al suelo. ¿Qué hacía él aquí?

─Mamá─Susurró reprimiendo ¿Su enojo?─Dijiste "Makena y yo"─Imitó su voz.

─Si te molesta que esté con ellas, puedo irme─Le dije mientras me inclinaba a recoger la bolsa que dejé caer.

─¡NO!─Gritó alarmado y luego se controló─Nunca he dicho eso, sólo no me lo esperaba─Murmuró mientras bajaba a Makena de encima suyo que estaba expectante a mis reacciones.

─Chicas, lo llamé para que nos acompañara a hacer las compras─Deborah sólo me miraba a mí, ¿Qué le pasa?─Él me ayudará, se que ustedes no lo harán─Rodó los ojos.

Asentí con la cabeza y caminamos en silencio al elevador, para que nos llevara al cuarto piso donde estaba el supermercado.

─Yo si te ayudaré─Chilló Makena mientras miraba su móvil y oprimía unas cosas─Compraré lo que yo quiero comer, Candy comprará lo que ella quiere y Taylor hará lo mismo. Así tu sólo debes preocuparte por las cenas familiares y lo que le darás a papá─Buena idea de su parte. Así yo también surtía mi refigerador. Si me quedo esperando a mamá comeré todos los días en la calle.

─Te ayudaremos─Le dije mientras zapateaba deseosa de salir de la tensión que había en el elevador. Cuando las puertas se abrieron ahí estaba Joseph.

─¡Ahí estás!─Exclamó emocionado y Makena lo abrazó con tanta emoción que se me hizo enfermizo. Deborah puso los ojos en blanco y salió del elevador; suspiré y seguí sus pasos.

─Hola Joseph─Le di un beso en la mejilla y me puse al lado de Makena.

─No vamos a hablar─Dijo una Makena estresada de mi presencia─¿Vamos?─Le preguntó a Joseph y éste extendió su mano para que Makena la tomara. Se fueron por un carrito y empezaron a hacer las compras mientras se reían. Me quedé ahí parada viéndolos, mi pequeña estaba creciendo; sonreí idiotamente y luego Taylor pasó de largo con sus manos en puños en dirección a Makena y Joseph.

─¡Hey, hey, hey!─Exclamé en susurros mientras lo alcanzaba y lo cogía de gancho haciéndolo retroceder─No vas a ir allí─Le hablé con mi tono de 'Yo mando y tu te vas a la mierda' mientras lo obligaba a encaminarse donde estaban los carritos.

─¡Es mi hermana!─Exclamó mientras llevaba el carrito como un buen hombre, pero todos veían la irritación que emanaba.

─Y es mi mejor amiga, ¿Crees que no la quiero como una hermana?─Le dije mientras le daba un codazo y caminaba a su lado.

─¿Cómo es el chico?─Preguntó malhumorado pero resignado.

─Alto, moreno, fornido....─Hice una pausa─De algún modo, se parece a ti─Contuve mi risa.

─¡No hablo de eso!─Exclamó en un tono más fuerte por lo que tuvimos algunos ojos encima de nosotros.

─Nunca se te vuelva a ocurrir hablarme en ese tono cuando estamos en público─Le susurré en el oído y me adelanté irritada buscando cereales. Volví a mirarlo de reojo y como lo esperé rodó los ojos mientras me alcanzaba con el carrito. ¿Soy qué cosa para que me hable así? Eché unas cajas en el carro y me encaminé a la zona de alimentos refrigerados .

─¿Estás enojada?─Me preguntó Taylor mientras se hacía a mi lado mirando lo que llevaría.

─¿Cómo me hablaste?─Le pregunté mientras cogía los ingredientes refrigerados que necesitaba para hacer unos tacos mexicanos, aunque me faltara la sazón mexicana.... Sólo lo intentaría.

─¿Me perdonas?─Preguntó mientras me obligaba a mirar su carita de niño regañado y mi corazón se ablandó.

─Así como me hablas pidiéndome perdón deberías hablarme todo el tiempo y más si estamos en un lugar público, no me gustan formar parte de los ridículos espectáculos─No me había dado cuenta que me estaba acercando demasiado a sus labios hasta que los rocé─¡Lo siento!─Exclamé por lo bajo mientras me separaba de él bruscamente y me encaminaba por los ingredientes que me faltaban. No sabía qué más comería esta semana.

─¿Qué causo en ti?─Preguntó de repente mientras me seguía. «¡Húndete, idiota!» Me gritaba mi odiosa subconsciente por haberle escrito eso en el chat.

─¿Quieres ver mi protector de pantalla?─Le pregunté mientras sacaba el móvil─Es lindo─Me aguanté las risitas nerviosas y sin más, me ruboricé completita.

─¿Qué tienes tu protector de pantalla?─Preguntó mientras me recibía el móvil y abría los ojos como si fuera a echarle gotas.

─¿Y......?─Moría de la vergüenza, pero era una pequeña demostración de lo que él causaba en mí.

lunes, 25 de febrero de 2013

Capítulo 1: Baldwin


Lo odio, ¿Puede haber alguien peor que él?

Es tan extraño. Siempre está solo mirando a todas las chicas con deseo, como si estuviera peleando con su subconsciente por acercarse o no. Las dos veces que intenté acercarme a él, entablarle una conversación siendo amable sólo me miró como si fuera una plasta de mierda –¡Pisotéame, Baldwin!– Dicen que la tercera vez es la vencida, pero para mí, la tercera vez ni está en planes. Es un irritable, estúpido y engreído idiota que disfruta de su soledad y, ¿Algo peor? Es endemoniadamente hermoso.

En las clases que compartía con él como Trigonometría, Química y Español siempre se sentaba solo y convencía a los maestros de que no lo juntaran con otro estudiante. En los recesos no comía nada y se sentaba a observar desde la mesa más aislada. Era totalmente extraño y solitario, absolutamente nadie lo acompañaba. Cuando hablaba lo hacía con tanta delicadeza que lograba la envidia de los chicos y los ojos de corazones de las chicas. Para muchos maestros Baldwin es su preferido, “Debería seguir el ejemplo de este talentoso chico. No me interrumpe las clases como ustedes y sus irritables cuchicheos y es tan atento que puede llegar a saber lo que yo no he explicado”. Me aprendí el discurso de memoria, para la maestra de Español, Miss Wells, es su preferido, aunque él no le ve gracia y el Sr Morrison en sus clases de Química ni le toma importancia, de hecho, no nos toma importancia a ninguno. Sólo se preocupa por dar sus clases y si entendimos lo que explicó estamos geniales, pero si no, acumulamos millas para pronto llegar a la mierda –Graduación– mientras que en las clases de Trigonometría se siente el odio que le tiene Baldwin al Sr Clone y mientras éstos discuten sobre un tema el aula se llena de tensión. ¡El estúpido Baldwin hace que no entienda lo que dice el Sr Clone!

Seguir el ejemplo de Baldwin sería sentarme malhumorada en la hora del almuerzo mientras los otros se hacen bromas y hablan de cosas graciosas como lo que pasó en CSI o lo excitantes que son los viejos capítulos de Friends y juegan a burlarse de American Idol. ¿Seguir el ejemplo de Baldwin era privarme de todo eso? ¿Quién demonios es Baldwin para ser mi ejemplo a seguir? Nadie quería ser como él, era un solitario endemoniadamente sexy con su mirada lasciva hacía las chicas como si fueran su desayuno, almuerzo y comida. Hasta a la chica que podría ser su asquerosa barra de cereal le miraba como si se estuviera conteniendo a un manjar.

Los hombres podrían envidiarles su melodiosa voz y cómo hechizaba a las chicas. Pero querían ser como el solitario Baldwin, nadie quería ser como el solitario Baldwin.

Ni siquiera sé por qué me preocupo pensando en él a sabiendas que le tengo tanto odio. Ah, claro, tenerle odio es darle la máxima importancia del mundo. Lo que quiere decir que cada uno de sus movimientos me inquieta y es suficiente para pensar cada noche antes de dormir. Es un milagro que no se meta en mis sueños y si lo hiciera de seguro lo odiaría aún más. Sólo quiero ser amable y él.. ¡Sólo lo odio!

Su auto era lujosamente hermoso, pero ostentoso, no estaba completamente en mi gusto –Bueno, si mis padres me dan algo como eso lo acepto sin pensarlo– y su forma de vestir variaba. Iba desde la moda para señores hasta lo que usan los punks. En realidad, es tan intrigante que me llena de curiosidad, ¡Pero lo detesto! Es un idiota que me ignora, ¿Qué hice para ganarme su ignorancia? ¿A qué huelo o que soy?

sábado, 23 de febrero de 2013

Capítulo 7: Tengo que volver


¿Ah? ¿Ahora cómo me llevará a mi casa? ¡Un momento! ¿Quiero ir a mi casa? ¡Mierda! No tengo ropa interior. Tengo que ir a mi casa, fruncí el ceño.

─¿Qué fue eso? ─Le pregunté aún con el ceño fruncido como si alguien hubiera irrumpido mi intimidad. De hecho, ¡Alguien irrumpió mi intimidad!

─Ese es Kiowa─Contestó como si nada mientras caminaba al sofá y pasaba los canales de la tv hasta llegar a un juego de baseball. ¿Así nomás? O sea, entra a su depto. Como si nada, ¡Me quita la sábana! Me despierta, se come el desayuno de Taylor y dice que yo soy su mujer y ¡Quiere que Taylor me comparta! ¿Eso es todo? ¿Ese es Kiowa? ─¿Puedo? ─Preguntó mientras cogía lo que quedaba de mi sándwich. Le hice ademán de que lo cogiera y se metió el primer bocado. Me arrastró hasta quedar a centímetros de él y me tiró en sus piernas para que lo dejara ver el juego.

─¿Y yo que haré? ─Chillé mientras me acurrucaba en su pecho. ¿Qué no recuerda que soy la mejor amiga de su hermana?

─Te verás el juego conmigo como buena mujer─Dijo como si fuera cierto y enseguida me paré de sus piernas.

─¡No soy tu mujer! ─Exclamé mientras hacía pataleta.

─Juguemos a que lo eras─Dijo mientras se moría de la risa y me agarraba de nuevo para tirarnos al sofá.
─¿Por qué, Taylor? ─Le pregunté confusa mientras me enroscaba en él─¿Por qué este cambio tan repentino y lindo? ¿Ya no soy la mejor amiga de tu hermana? ─Le di preguntas y lo sentí tenso enseguida.

─Gracias por recordármelo─Murmuró mientras se deshacía de mí y me tiraba como trapo viejo al lado del sofá. Me irrité en minutos, pero me contuve.

Quiero respuestas.

─Pero, ¿Qué mierda? ¿Cómo que gracias por recordártelo? ¿Qué tiene eso de malo? ─Le pregunté mientras intentaba no decir cosas de las que me arrepentiría después.

─Mucho─Contestó seco─Eres menor de edad─

─Y vamos con la vaina esa─Rodé los ojos mientras me paré del sofá y me tiré en un sillón que había al lado de él─¿Tu amigo pensó que yo era menor de edad? No, no dijo nada de eso. Entonces, ¿Cuál es el rollo? ─Le dije inhalando y exhalando.

─Yo sé que sí lo eres, Candy─Iba a decir algo más pero se arrepintió.

─Mira, si sabes eso y si te afecta tanto, ¿Por qué cojones me besaste? ¿Por qué mierdas le sigues los juegos al fastidioso Kiowa? ¿Por qué tu hermana me dice que te gusto? ¿Por qué tu mamá hace todo lo posible por juntarnos? ¡¿POR QUÉ, TAYLOR?! ─Me estaba desesperando y esto no terminaría bien.

─Candy…─Iba a decir pero me paré del sillón.

─Candy nada, Taylor─Se le quebró la voz, ¿Vas a llorar, Candy? ─No me digas nada mejor. Me voy a mi casa…─Dejé la frase en el aire mientras caminaba a su habitación para ponerme mi ropa y recoger mi bolso.

─Candy…─Lo escuché decir pero ni le paré. No quería decirle todo lo que sentía, mi jodido orgullo no me dejaba.
Me quité su camisa y su pantalón y me quedé en interiores buscando mi ropa. Taylor entró al cuarto y pude ver sus ojos en mi trasero y cuando giré para ponerme el pantalón sus ojos estaban a punto de salirse de sus cuencas. ¿Puedo excitarme sólo von su mirada?

¡Mira lo que causas, Taylor Lautner! Me quejé mientras me ponía la ropa, recogí el bolso y pasé de largo por el marco de la puerta. Puse los platos en el lavaplatos y abrí la puerta para irme.

─¡Candy! ¡Por favor! ─Exclamó Taylor mientras me retenía en la puerta.

─¿Qué pasa? ─Le dije mientras le daba la espalda y apretaba mis ojos con fuerza. Lo que le iba a decir era la mentira más grande que pueda decir.

─¿Por qué no me dejas hablar? ─Preguntó mientras apretaba su mano en mi cintura.

─Porque no quiero escuchar las respuestas, porque puedes ser uno de mis juegos─Cerré los ojos con fuerza y luché para que ninguna lágrima rodara por mi mejilla. Como predije, Taylor soltó mi cintura y se quedó pasmado─Lo siento─Susurré mientras bajaba corriendo de las escaleras.

Esto estaba mal, esto estaba muy mal. Él es Taylor y me gusta más que la ropa que uso, me gustan más que mis tacones de Luciano Marra.

«¿Qué estás pensado, Candy? Esos tacones hermosos son indispensables para tu vida. » Me regañaba mi subconsciente, pero yo más que nadie sabía que Taylor era más indispensable para mi vida que Luciano Marra.

Le di la dirección al taxista y dejé que las lágrimas corrieran por mis mejillas. Peleo con mi madre y le digo al amor de mi vida que es un juego para mí, ¿Qué cojones pasa conmigo? «Los de Taylor» Me reí entre lágrimas y el taxista me miró extrañado. Que no me joda y haga lo que debe hacer, llevarme a casa.

Cuando llegué a casa mi madre no estaba, ¡Buena suerte! Entré directo a mi cuarto y busqué el cargador del móvil para poder encenderlo. Estaba totalmente muerto. Suspiré pensando en lo que había hecho, espero que Taylor me perdone pero estoy cansada de sus mamadas contra la edad. Aunque ya hemos discutido por eso, pero no le había dicho de mis juegos…¡Mierda!

Mi móvil vibró y ahí estaba el texto de Makena.

“CANDY. Donde estas? Donde esta mi hermano? CONTESTA TU MOVIL!! :c
Llama a mi hermano y dile que me conteste y no sea pendejo.
Te amo, nueva cuñada :*”



“¿Por qué YO debo llamar a tu hermno?
Lo siento, se me descargó el móvil y apenas veo tus llamadas perdidas. Llama de nuevo :D
Puede que tu hermano esté ocupado, Makena, no seas intensa & ¡No le digas pendejo o me estrangulará!
También te amo, niña.
PD: ¡NO SOY TU NUEVA CUÑADA! ¿Cuántas has tenido, pendeja?”

Después de haberle contestado el texto le di marcación rápida y llamé a Taylor. Pensé que no me contestaría, pero luego escuché su hermosa y apagada voz.

-Llamada telefónica-

─¿Candy? ─Preguntó sorprendido mientras se sorbía la nariz.

─¿Estás llorando, Taylor? ─Se le partió el corazón, ¿Yo había logrado eso?

─No, me dio gripe─¡Mierda! Estaba llorando por mi culpa.

─¿Te dio gripe cuando me vine? Eso no da así de rápido, Taylor. Perdóname, ¿Sí? ─¡No llores, Candy!

─¿Perdonarte por qué? ─Preguntó mientras se sorbía la nariz de nuevo.

─Por mi reacción, por no seguirte el juego, por ser la maldita mejor amiga de tu jodida hermana, por estar metida en la casa de tus padres, por ser inmadura y explotar cuando las cosas pueden ir bien… y por decirte que te convertiste en mi juego cuando eres mi… todo─¿Qué mierda? ¿Se lo dije en serio?

Hubo una pausa torturadora para mí.

─¿Soy tu todo? ─Preguntó ¿Sorprendido?

─Taylor…─Susurré─Tu hermana te necesita. Me mandó un texto pidiéndome que te llamara para que le contestaras el móvil. ¿Por qué no le contestas? Eres un pendejo. Llámala.

─Candy…─Murmuró.

─Adiós, Taylor. Llama a Makena si no quieres que me estrangule─
-Fin de llamada telefónica-

Sí, si no me estrangula el uno, me estrangula el otro. Y de nuevo, los textos con Makena.

“No soy intensa solo quiero a mi hermano .l.
Donde estas?
He tenido una cuñada…Sara Hicks. Es linda, me llevo genial con ella…”

¿Sara Hicks? ¡Mierda!
“¿Me importa que quieras a tu hermano?.l.
Ya le llamé y ya te contestará. Como te dije, estaba ocupado.
Y genial que te lleves bien con tu Sara”



“AMO TU SARCASMO lol
Me la llevo más genial contigo pendeja. Sabes que te quiero a ti de cuñada en vez de a ella. Entonces deja los celos.
Gracias por decirle a mi hermano”



“No sé si pueda competir contra una Sara Hicks, Makena e.e
Estoy para lo que me necesites, pendejita”

“OSEA QUE TE GUSTA MI HERMANO Y PIENSAS SER MI CUÑADA
En mi casa a las 4:30pm ¿Vale?
Ya llamare a mi hermano y me ire con mi mami de compras”



“*Suspiro* TU HERMANO ME HACE DELIRAR
¿Van de compras? ¿Puedo ir con ustedes? ¡Quiero zapatos y estoy enojada con mi madre”



“Seras mi cuñada. HE DICHO
Wow… Que nuevo es que andes peleando con tu mamá!!
Entonces ven lo mas rápido que puedas. Yo le dire a mi mami que te esperemos”



“MAKENA.
Yo soy y seré tu mejor amiga, ¿Ok?
Déjame organizarme y me salgo a su encuentro
ADIOS”



“Y pronto seras mi mejor amiga y mi cuñada. Te casaras con mi hermano y te convertiras en mi hermana”


“Dile eso a tu hermano a ver que te dice y cómo reacciona, pendeja *Ruedo los ojos*”


“Báñate mejor”

Lo dejé así. Casarme con Taylor, que gracioso. Me di un baño rápido y me puse ropa casual junto con unos Luciano Marra de tacón bajo. Recogí el bolso con todo lo que necesitaba para hoy y salí del cuarto. Me pasé por la cocina y cogí una limonada embotellada, estaba de golosa. Cuando abría la puerta mi madre iba sacando las llaves, ¡Mierda!

─Candy─Dijo intentado estar alegre.

─Ah, voy tarde─Le dije mientras pasaba de largo y miraba el reloj que no tenía en mi muñeca.

─¿A dónde vas? ─Preguntó confundida.

─No te importa─Respondí como si nada.

─No sé qué te pasa. Pero que no se te olvide que soy tu mamá y tengo derecho de saber que mierdas haces y que no haces, Candy Bluewood─Aquí va su tono autoritario.

─¿No sabes qué me pasa? Pues me pasa que mi madre está en embarazo de un puto baboso y perdió el derecho de saber qué hago y qué no hago porque no tiene confianza en mí ¡Y NUNCA ESTÁ EN SU CASA ACOMPAÑANDO A SU HIJA O PREGUNTÁNDOLE COMO VA EN LA PREPARATORIA! ─Le escupí en la cara─Puedo apostar a que no recuerdas cuando cumplo años. Las mamás como ti no tienen derecho en sus hijos y tampoco tienen el jodido derecho de quedar embarazadas, ¡PARA HACER QUE OTROS SUFRAN LAS MISMAS DESGRACIAS! ─Volví a gritarle─Tengo afán, entonces no me jodas─

Que una persona así le hable a su madre se gana una bofetada de mi parte y de muchas otras personas. Pero, ella nunca está, siempre ocupada y borracha; no le hablo así porque se me da la gana.

Caminé rápido las dos cuadras para llegar a la casa de Makena y justo cuando iba doblando la esquina salió Deborah mirando su hermoso reloj dorado que llevaba en la muñeca.

─¡Apúrate, Makena! ─Exclamó mientras le quitaba la alarma a su auto.

─¡TENEMOS QUE ESPERAR A CANDY! ─Gritó Makena desde adentro.

─¡AQUÍ ESTOY! ─Les grité mientras me reía. Así era siempre que íbamos a algún lado, Makena saliendo tarde y echándome la culpa a mí. «Olvídate del incidente con tu madre, la pasarás como nunca» Me dijo mi subconsciente y saqué una de mis mejores sonrisas.

martes, 19 de febrero de 2013

Introducción.


¿Cómo es posible que el agua y el aceite puedan estar tan unidos como lo está viviendo Ayleen y Baldwin?

Ella es calor y él es frío; ella es armoniosa y él es salvaje; ella es la cálida luna que ilumina sus propias noches y él es el sofocante sol que quema todo a su paso, el sol que hiere la hermosa luna; ella es agua y él es aceite.

Gracias al director de la preparatoria Ayleen y Baldwin son obligados a permanecer seis horas en un cuarto realmente solo y abandonado, nadie los supervisaban ni se preocupaban por ellos. Los tenían tan olvidados que ellos tuvieron que escaparse en la noche cuando todos ya se habían ido.

Ayleen odiaba al director por haberla metido allí, sólo porque le habló en un tono fuerte al profesor de trigonometría. Ella no tenía la culpa de que sus ojos hayan llameado en los ojos del profesor; ella no tiene la culpa de que Baldwin se haya llenado de rabia por la reacción del Sr William y hubiera querido darle un buen puñetazo. ¡Ella odia al extraño Baldwin!

Lo que nunca se imaginaba Ayleen era la extraña conexión que sentía allí encerrada con Baldwin y la excepcionalidad con la que se estaba portando éste. Ayleen no pensó invitarlo a su casa en las noches y quedarse hasta el amanecer haciéndose cosas prohibidas entre el bien y el mal. Dejarse llevar por la pasión y el erotismo que percibe de Baldwin.

Todo esto los lleva a algo, a la desgracia de luchar por su inexplicable amor y que Ayleen deje de ser cálida y… de algún modo, humana. Esto es un juego entre el bien y el mal; entre el amor y el placer; entre quién pierde y quién gana.

Aunque aquí, los dos pierden por el juego al que se volvieron adictos: Estar juntos.

viernes, 15 de febrero de 2013

Capítulo 6: Sólo me pasa a mí.


─Entonces yo tengo pesadillas─Dijo sin discutir. Eso fue tan maravilloso como encontrar el secreto de la coca-cola.

Me giré y lo abracé, no alcanzaba a abrazarlo completamente como él a mí. Pero con abrazarle el torso y parecer como si estuviera abrazando un oso, me sentía bien.

Así quedamos dormidos hasta que los rayos del sol empezaron a entrar por la ventana. Estaba acomodada de manera diferente a como me había dormido, era Taylor el que me abrazaba a mí y yo le daba la espalda, pero teníamos las manos entrelazadas. Me giré para que su pecho me tapara la luz y con la mano busqué las sábanas para taparme completamente; y lo que indicaba a él, taparlo hasta el cuello.

─Debemos levantarnos ya─Susurró mientras me estrechaba más en su abrazo.

─No quiero─Contesté mientras respiraba en su cuello y él se tapó completamente con la sábana. Allí volvimos a dormirnos y no me volví a mover ya que sabía lo terriblemente horrible que estaba el sol en ese momento, no me convenía destaparme y lo tenía muy claro.

Después de unas horas pasó lo más incómodo y espantoso que me haya pasado en la vida. Había sentido que abrían la puerta, pero pensé que era en mi sueño. Pero cuando pasaron unos minutos un chico gritó y nos quitó la sábana que nos tapaba a Taylor y a mí.

─¡¿QUÉ MIERDA?!─Gritó Taylor exaltado.

─¡Dios Santo!─Susurré por lo bajo mientras me encogía en el pecho de Taylor como si me fuera a tapar de la vista del chico.

─Lo siento, bro. No sabía que tenías visita─Dijo este apenado mientras le volvía a pasar la sábana, Taylor de inmediato me tapó completamente, ¡Dios! ¿Quién era ese? Ni alcancé a verle el rostro, no me esperaba algo así. ¿Cómo entró? ¿Qué Taylor no tenía privacidad?

─¿Por qué diablos no avisaste que vendrías? ─Taylor empezó a hablarle como si fuera a golpearlo mientras se paraba de la cama. Pensándolo bien, ¿Cuál era el problema? Ni que estuviéramos desnudos o yo qué sé.

─No pensé que…─Iba a decir su amigo.

─¿Será que puedes salir del cuerto? ─Le dijo un Taylor impaciente y agresivo.

─No, no se preocupen─Dije mientras decidí quitarme la sábana─La que me voy soy yo, ya es tarde─Dije lo primero que se me vino y salí del cuarto dejándolos a ellos dos solos.

¿Dónde estaba mi ropa y mis zapatos? ¡Ay mierda! ¿Dónde estaba el baño?

Me puse a vagabundear por el departamento mientras él cuchicheaba con su amigo en el cuarto. Pasé por la cocina y busqué algo de comer en la alacena. Decidí hacerme un sándwich de huevo, ¿Algo más delicioso?

Saqué el tomate y la lechuga del refrigerador y comencé a lavarlos –Podía darme el lujo de ser muy aseada– Puse los panes en la tostadora y empecé a fritar el huevo. Mientras rebanaba el tomate juguito de éste cayó en mis manos; como era mi costumbre, pensaba limpiarme en la blusa. Pero, ¡Oh sorpresa! No tenía blusa. Me lamí el dedo y caminé al cuarto como si alguien me persiguiera.

─Siento interrumpirlos─Les dije como si realmente lo sintiera y cogí una camisa de Taylor que estaba en el piso para volver a salir.

─Y tu mujer si es bella─Dijo el chico al que no le miraba a la cara.

─¿Qué? ─Escuché que dijo Taylor y corrí hasta la cocina, no quería escuchar más.

Hice el sándwich y cuando lo partí en el medio me ensucié un poco más, así que empecé a limpiarme en la camisa de Taylor, espero que no se moleste o pelearemos rico. Puse una parte de sándwich en un plato y serví jugo de naranja, caminé hasta el living y encendí la tv. Si vamos al caso, necesito que Taylor me lleve a mi casa si quiere que me vaya de aquí, ¿No?

Minutos después Taylor apareció en el living con su cara de amargado.

─Perdónalo, no tiene la culpa de ser lo que es, su mamá lo dejó caer de bebé─Intentó hacer una broma pero su expresión seguía amarga.

─Tú mujer cocina bien, bro─Escuchamos la voz de su famoso amigo─¡Compártela conmigo!

Hice mala cara, ¿Su mujer? ¿Cocino bien? Si se está comiendo el sándwich de Taylor lo aventaré con la escoba, lo juro.

─¿Quién es el idiota? ─Le pregunté a Taylor muerta de rabia─¿Quién te dijo que soy su mujer? ─Le grité para que escuchara desde la cocina. ¡Es un atrevido!

─¡Nadie ha dicho lo contrario aquí! ─Gritó él de vuelta. Taylor sólo me miraba asombrado.

─¿Quién te dijo que podías comerte lo que prepare? ─Volví a gritarle mientras me paraba del sofá y caminaba a la cocina.

─Esto no tiene el nombre del propietario─Contraatacó mientras yo entraba a la cocina.

─¡Eres un engreído de mierda! ─Exclamé mientras me tapaba los ojos desesperaba y pasaba mis manos pesadamente por mis sienes.

─¿Soy de mierda? ─Preguntó este y me sorprendió, lo miré bien y era un chico demasiado guapo, ¿Fue hecho del mismo molde que Taylor? Bueno, al menos, eso parecía… Moreno, cuerpo escultural, cabello medio largo y realmente sencillo.

Engreído pero lindo.

─Sí que lo eres─Le dijo Taylor mientras entraba a la cocina y se paraba al lado mío─¿Por qué viniste, Kiowa? ─Preguntó Taylor pesadamente mientras se apoyaba en el refrigerador.

─No lo sé, no sabía que tenías visita─Contestó mientras se dejaba caer en el mesón─Ni siquiera me presentas a la hermosa dama que estaba durmiendo contigo─¿Ahora está jugando a ser un caballero? ¡Puto chico!

─Ella es Candy, Candy él es Kiowa─Nos presentó mientras rodaba los ojos.

─Encantada─Dije sin ánimos de estrecharle la mano, pero el tipo este es tan coñudo que me haló para darme un beso en la mejilla.

─¿Eres su mujer? ─Pe preguntó sin tapujos y sentí un cosquilleo en mi estómago. Por más que detestara el matrimonio me gustaba que pensara que era la mujer de Taylor.

─No… Soy la… Sólo soy Candy─Tartamudeé, ¿Sería malo decirle que era la mejor amiga de su hermana menor?

─Exacto─Dijo Taylor desconcertado─Ella es sólo Candy, ¿A qué viniste, Kiowa? ─Volvió a preguntarle Taylor incómodo de que estuviera invadiéndole su privacidad.

─Necesitaba el auto, ¿Me lo prestas? El mío lo choqué ayer y andan arreglándolo─Le contó ahora sí en serio, a lo que vino.

─Aquí tienes las llaves─Dijo Taylor mientras salía de la cocina y se las lanzaba─Un rasguño y me compras uno nuevo─Le advirtió y lo llevó arrastrado hasta la muerta─Cuídamelo─Fue lo último que dijo después de quitarle las llaves que tenía del depto. Y cerrarle la puerta en las narices.